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Juventud divino tesoro

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¡Cómo pasa el tiempo! Parece mentira, ¡si parece que fue ayer cuando íbamos en moto a todos lados! Y ahora todos con nuestros coches de un lado para otro.

Recuerdo mi adolescencia con cariño, nos juntábamos un grupo de jóvenes todos de la misma edad y nos lo pasábamos genial haciendo pequeñas escapadas a parajes naturales cercanos al pueblo donde vivíamos, en esa época yo tenía una moto, una moto verde que me encantaba conducir y que utilizaba para ir al trabajo.

Los fines de semana quedábamos toda la pandilla a comer por lo que todos llevábamos algo, una tortilla, un pisto, un pipirrana, unas coca-colas y unas cervezas. Así teníamos a nuestras madres la mañana del sábado preparando el almuerzo para los diez o doce que nos juntábamos. Como disfrutábamos, todo era una diversión sana y amistosa, conservo tantos buenos recuerdos de esos momentos.
Después fuimos creciendo, cada uno tomó un rumbo diferente y a día de hoy apenas mantengo contacto con un par de esos amigos.

Lo que si conservo es mi moto, mi moto verde a la que le tengo un cariño muy especial, con el paso de los años ha ido envejeciendo como yo y ya la saco menos, casi diría que no la saco porque con el coche me apaño mejor, pero sí que la tengo en buen estado, mi marido se encarga de que arranque y no se estropee, para ello cuenta con la ayuda de esta web y está casi como el primer día.

La verdad es que en alguna ocasión he pensado en venderla pero seamos sinceros, con los años que tiene ya no vale casi nada y casi que para no ganar nada por ella la sigo teniendo en la cochera que no ocupa mucho espacio y si el día de mañana me apetece sacarla pues puedo contar con ella, o si se estropea el coche me puede servir perfectamente para ir al trabajo.
Quizás dentro de unos años cuando mi hijo tenga edad de conducir le apetezca usar la vieja moto verde, como las hijas que utilizan los vestidos de novia de sus madres, sería como un legado para mi hijo.

A mí me quedan los recuerdos, los momentos maravillosos que pasamos haciendo esas escapadas domingueras que tantas risas provocaron en nosotros y que tantos dolores de cabeza provocaron en nuestros padres siempre preocupados por nuestro bienestar.